📝HISTORIA EN BREVE

  • Las enfermedades crónicas en los niños aumentan de forma drástica: los cánceres infantiles aumentaron un 35 % en comparación con hace 50 años y los trastornos del desarrollo neurológico afectan ahora a 1 de cada 6 niños
  • Se estima que existen 350 000 productos químicos manufacturados en todo el mundo, y su producción se multiplicó por 50 desde 1950 y se espera que se triplique para 2050, pero menos del 20 % se sometió a pruebas de toxicidad
  • Las regulaciones actuales como TSCA y REACH no protegen de manera adecuada a los niños, ya que las empresas de productos químicos no están obligadas a demostrar la seguridad antes de su comercialización y enfrentan poca supervisión
  • Los niños son muy vulnerables a la exposición a sustancias químicas debido a que sus cuerpos están en desarrollo y a que tienen tasas de exposición más elevadas, y los efectos suelen aparecer años después de la exposición inicial
  • Si bien, las acciones individuales (como evitar los plásticos) ayudan, se necesita una gran reforma regulatoria para abordar el impacto creciente de los productos químicos sintéticos en la salud de los niños

🩺Por el Dr. Mercola

Las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) van en aumento entre los niños. El asma, la obesidad e incluso algunos tipos de cáncer infantil son ahora mucho más frecuentes que hace unas generaciones. Según un gran estudio publicado en The New England Journal of Medicine (NEJM, por sus siglas en inglés) por el Consorcio para la Salud Ambiental Infantil, estas enfermedades ahora se encuentran entre las principales causas de enfermedad y muerte entre los jóvenes.1

El estudio señala que la contaminación ambiental y la exposición a productos químicos sintéticos están muy extendidas, lo que sugiere que estos productos químicos, que se producen en enormes cantidades a partir de combustibles fósiles, son los factores que impulsan este aumento.

Las enfermedades crónicas en los niños aumentan

Se suele pensar que las enfermedades crónicas, como las enfermedades cardíacas y la diabetes, son afecciones que afectan a los adultos. Sin embargo, el estudio del NEJM explicó que hoy en día los niños desarrollan las ENT a un ritmo alarmante.

Estas enfermedades son causadas por una combinación de factores, incluyendo la genética, el estilo de vida y la exposición ambiental. Los productos químicos sintéticos parecen ser una gran parte de este panorama, en particular debido a que los niños enfrentan riesgos únicos durante las primeras etapas de crecimiento.

Un ejemplo que destaca el estudio es el aumento significativo de cánceres infantiles, el cual se estima en alrededor de un 35 % más de casos que hace medio siglo.2 También informó que se duplicó la frecuencia de los defectos congénitos reproductivos en hombres. Estas tendencias sugieren que los cuerpos de los niños, que se encuentran en desarrollo, son menos capaces de defenderse de los químicos que se encuentran en todo, desde los envases de alimentos hasta los productos del hogar.

Mientras tanto, los trastornos del desarrollo neurológico afectan a alrededor de 1 de cada 6 niños, y el trastorno del espectro autista se diagnostica en alrededor de 1 de cada 36 niños.3 Si observamos estos números, queda claro que lo que antes era inusual ahora se vuelve común, lo cual resulta inquietante. El estudio contrasta este aumento de los problemas de salud infantil con los patrones en los adultos, en el cual las muertes y discapacidades vinculadas a ciertos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares disminuyeron con el tiempo.

Una mejor detección y tratamientos permiten explicar las mejoras en las poblaciones de mayor edad. Sin embargo, en los niños, los factores ambientales parecen opacar cualquiera de los beneficios que ayudaron a los adultos. Esto nos da una pista de que la generación actual de niños vive en entornos llenos de sustancias sintéticas nuevas que plantean riesgos sin precedentes.

Cuando una enfermedad comienza durante la infancia, altera la calidad de vida del niño por décadas, ya que muchas de estas enfermedades de inicio infantil perduran hasta la edad adulta.

Los productos químicos sintéticos se encuentran en todas partes

El documento del NEJM señaló que se estima que existen 350 000 productos químicos manufacturados, mezclas y plásticos en los inventarios mundiales.4 Gran parte de estas sustancias se derivan de combustibles fósiles como el gas, el petróleo y el carbón. La producción de productos químicos sintéticos se multiplicó por 50 desde 1950, aumenta alrededor de un 3 % cada año y se espera que se triplique para 2050.5

Si pensamos en las cifras, no es sorprendente que los niños entren en contacto con estos productos químicos que están en todas partes: desde juguetes y botellas de plástico hasta muebles tapizados, alfombras y productos electrónicos. Como señalan los autores, una vez que estos productos químicos entran al mercado, suelen propagarse al aire, al agua y al suelo.

La contaminación ambiental se extendió tanto que ahora incluso los rincones más remotos del planeta muestran signos de contaminación. Debido a que estos contaminantes viajan distancias largas en el aire y el agua, no puede asumir que vivir lejos de los centros industriales garantiza su seguridad.

Además, estas sustancias se encuentran en productos de uso diario como productos de limpieza del hogar, champús y lociones, y la exposición repetida a múltiples productos se acumula con el tiempo. Resulta inquietante que, como se señaló en el artículo del NEJM, a diferencia de los productos farmacéuticos, la mayoría de los productos químicos sintéticos no están obligados a demostrar su seguridad antes de estar a la venta.6

Se probó la toxicidad de menos del 20 % y se estudiaron aún menos sus efectos posibles en los bebés y niños.7 Esta falta de supervisión provoca que los impactos sobre la salud solo se hagan evidentes una vez que una generación de niños ya estuvo expuesta. Debido a que la producción de productos químicos es rentable, la industria se resiste a regulaciones más estrictas que pueden desacelerar o limitar el crecimiento.

Además, las agencias del gobierno a menudo carecen de la autoridad o los recursos para exigir pruebas exhaustivas previas a la comercialización.8 Esto hace que desconozca qué hay en los productos que compra. Cuando los científicos descubren los efectos nocivos, muchos niños ya estuvieron expuestos durante años. Retrasar la adopción de medidas respecto a la salud infantil puede causar problemas graves (como asma, retrasos en el desarrollo o incluso cáncer) que aparecen años después de que el daño ya se produjo.

La evidencia respecto a los productos químicos y las enfermedades en los niños

El artículo del NEJM ilustró que el vínculo entre las sustancias químicas y los problemas de salud infantil no se basa solo en la teoría. A lo largo de los años, los investigadores han vinculado varias enfermedades infantiles a sustancias químicas y sintéticas específicas.

Algunas de las evidencias más impactantes provienen de eventos bien documentados: por ejemplo, la tragedia en Minamata, Japón, en la cual el pescado contaminado con mercurio que comieron mujeres embarazadas provocó daños neurológicos graves en los bebés, o los casos de madres que tomaron dietilestilbestrol (DES) y se mantuvieron saludables mientras que sus hijas enfrentaron un riesgo mayor de cáncer reproductivo.9

Estos episodios demostraron que los productos químicos atraviesan la placenta y causan daños graves a los bebés, incluso aunque la madre parezca sentirse bien. Otro incidente fue el desastre de la talidomida, en el cual mujeres embarazadas en la década de los 50's y principios de los 60's tomaron un sedante que causó defectos graves en las extremidades de más de 10 000 bebés en todo el mundo. La talidomida fue un punto de inflexión en la comprensión de que los niños y los fetos son muy sensibles a las sustancias químicas, incluso si la exposición es baja o a corto plazo.10

Estos eventos ayudaron a estructurar el campo de la pediatría ambiental, lo que brindó a los investigadores un marco para investigar cómo y por qué los productos químicos dañan a los niños durante etapas clave del desarrollo. Hoy en día, los científicos utilizan estudios prospectivos de cohortes de nacimiento para medir la exposición a sustancias químicas en las mujeres embarazadas y monitorear la salud de sus hijos por muchos años.

Estos estudios revelaron vínculos entre los ftalatos (que se encuentran en plásticos y productos de cuidado personal) y trastornos reproductivos masculinos, y entre ciertos pesticidas o retardantes de llama y menores puntuaciones de coeficiente intelectual o problemas de desarrollo neurológico.

Cuando múltiples estudios en diferentes lugares descubren patrones similares, es difícil descartar la evidencia. En muchos casos, los padres no demuestran ningún daño evidente, pero sus hijos sufren consecuencias de salud relacionadas con la exposición a sustancias químicas que ocurrieron en el útero. Además, los daños pueden aparecer en momentos diferentes de la vida. Algunos defectos de nacimiento o cánceres se manifiestan temprano, pero otros, como la obesidad, los problemas de fertilidad o las enfermedades cardiovasculares, surgen años después.

El estudio del NEJM destaca que este efecto retardado facilita pasar por alto la causa verdadera. Si su hijo desarrolla asma a los 7 u 8 años, no es claro si influyó la exposición a sustancias químicas en la infancia o incluso antes del nacimiento. Esta brecha de tiempo sugiere que el impacto total del medio ambiente actual no se hace evidente hasta dentro de décadas, por lo que es tan importante hacer mayores esfuerzos de prevención.

Por qué las leyes de hoy en día no benefician a los niños

El documento del NEJM también ofreció información sobre las limitaciones de las regulaciones actuales. La Ley de Control de Sustancias Tóxicas (TSCA, por sus siglas en inglés) federal en Estados Unidos se hizo con el objetivo de proteger al público y al medio ambiente de “riesgos irrazonables”, pero los expertos dicen que no han cumplido esa promesa.

Un gran problema es que las empresas que producen productos químicos nuevos no tienen que demostrar que dichas sustancias son seguras antes de lanzarlas al mercado. En cambio, las autoridades correspondientes deben demostrar que una sustancia química es dañina, lo cual es un proceso lento y costoso.11

Puede suponer que una vez que se conoce un peligro, las autoridades van a intervenir con rapidez. Sin embargo, en los casi 50 años transcurridos desde que la TSCA se convirtió en ley, muy pocos productos químicos han sido prohibidos o restringidos. Muchos de los que se sospechó que causaban daños permanecieron en el mercado durante años mientras los fabricantes cuestionaban la ciencia o retenían sus datos bajo la explicación de “secretos comerciales”.

Como señalan los autores, las empresas químicas reciben subsidios del gobierno y gozan de protecciones legales amplias, lo que les da pocos incentivos para reducir la producción o invertir en alternativas más seguras.12

En la Unión Europea, el marco de Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias Químicas (REACH, por sus siglas en inglés) promete una supervisión más rigurosa. Por desgracia, según el estudio, el REACH también tiene deficiencias, en parte debido a que permite que los datos suministrados por la industria sirvan como base para la seguridad, con menores controles de calidad por parte de los laboratorios independientes.13

Así, aunque Europa ha prohibido o restringido más sustancias químicas que Estados Unidos, el resultado general sigue siendo similar: hay decenas de miles de sustancias en uso con pruebas y supervisión limitadas en el mundo real. La mayoría de las políticas también consideran los productos químicos uno a uno, e ignoran el hecho de que usted y sus hijos están expuestos a una “sopa” de productos químicos todos los días. Tampoco suelen tener en cuenta que los niños son más vulnerables.

Debido a que los niños tienen cuerpos más pequeños y sus sistemas de órganos aún están en desarrollo, una dosis que es inofensiva para un adulto a menudo es dañina para un niño. Si una sustancia química peligrosa permanece en el mercado durante décadas, causa mucho daño antes de que intervengan las autoridades correspondientes. Para entonces, una generación entera habrá crecido expuesta a una sustancia que puede causar problemas de aprendizaje, problemas respiratorios o incluso aumentar el riesgo de ciertos tipos de cáncer.

Ejemplos y estrategias del mundo real para disminuir la exposición

Quizás escuchó hablar de la gasolina con plomo. Durante décadas, se añadió plomo al combustible para mejorar el rendimiento del motor, lo que causó una contaminación generalizada. En la década de los 70's, los científicos se dieron cuenta de que aumentaron los niveles de plomo en la sangre en los niños de todo Estados Unidos.

El artículo señaló que esta exposición disminuyó en gran medida los puntajes promedio de CI entre las personas que nacieron en esa época. Cuando por fin se eliminó el plomo de la gasolina, los niveles de plomo en la sangre de los niños disminuyeron y los puntajes promedio de coeficiente intelectual mejoraron.14 Este ejemplo demuestra que cuando se eliminan de la circulación sustancias nocivas, a menudo se obtienen grandes beneficios para la salud pública.

Si bien, es difícil eliminar todas las fuentes de exposición, aún existen medidas significativas para reducir su exposición en el hogar. El plástico es el culpable principal, por lo que es mejor sustituir los envases y botellas de plástico por acero inoxidable o vidrio, sobre todo para los alimentos y bebidas.

Si pinta de nuevo una habitación, busque pintura con contenido bajo de COV o sin COV, ya que los compuestos orgánicos volátiles irritan las vías respiratorias y tienen efectos tóxicos. Además, reduzca su dependencia de productos de limpieza químicos y agresivos. Incluso medidas simples, como usar detergentes y jabones sin fragancia, disminuyen la cantidad de sustancias químicas ocultas en su entorno y el de su hijo.

Además de las decisiones personales, apoye cambios más grandes. El artículo del NEJM dejó claro que nuestras leyes necesitan una gran revisión.15 Comuníquese con sus representantes locales u organizaciones de apoyo que exigen establecer límites más estrictos para las sustancias químicas en los productos.

Además, busque empresas que sean transparentes acerca de los ingredientes de sus productos. Algunas empresas comenzaron a participar en lo que se denomina informes de huella química, lo que significa que rastrean y comparten de forma abierta la información sobre las sustancias químicas en sus cadenas de suministro.

Cuando compra estas marcas o pide productos más seguros, demuestra que la salud infantil es más importante que los secretos de las empresas. Los profesionales de medicina integral son otro recurso útil.

Si su hijo tiene asma o un problema de desarrollo, pregúntele a su pediatra holístico si la exposición a sustancias químicas influye y si tiene pruebas, referencias o consejos para reducir la exposición. La comunicación abierta con los médicos de su hijo facilita la detección temprana de problemas antes de que se conviertan en asuntos más graves.

Tomar acción y concientizar preservan la salud de la próxima generación

El estudio del NEJM demostró que los productos químicos que antes eran considerados inofensivos ponen en peligro el crecimiento y el desarrollo de los niños, sobre todo cuando las regulaciones no cumplen con las normas científicas. Las ENT, desde el asma hasta el cáncer, son ahora grandes amenazas para los niños de todo el mundo, y muchas de estas enfermedades han sido vinculadas a sustancias sintéticas que saturan la vida cotidiana.

Aunque la industria química ejerce una gran influencia y genera ganancias enormes, tiene el poder de cuestionar el status quo y exigir productos y entornos más seguros para sus hijos.

A medida que la producción de plásticos y productos químicos derivados de combustibles fósiles van en aumento, debe saber que existen soluciones. Cuando respalda leyes más estrictas, promueve la transparencia de los fabricantes y realiza cambios prácticos en casa, ayuda a que la prioridad sea la salud en lugar del crecimiento químico descontrolado.

La historia de éxito de la eliminación progresiva de la gasolina con plomo demuestra lo que es posible cuando la ciencia, las políticas y el público convergen. Todos se benefician cuando la sociedad decide que el bienestar de los niños importa más que la conveniencia o las ganancias de las compañías.

Si quiere un mundo en el que los niños respiren un aire más limpio, se enfrenten a menos riesgos tóxicos y disfruten de un futuro más brillante, su participación es esencial. Incluso las decisiones pequeñas suman, y sus acciones generan cambios que ofrecen a las generaciones más jóvenes una mejor oportunidad de tener una vida saludable.


🔎Fuentes y Referencias:

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